El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha patentado una formulación antifúngica ensayada en viviendas y garajes afectados por las inundaciones de octubre de 2024 en la provincia de Valencia. En las pruebas comunicadas por el organismo, el tratamiento eliminó el moho visible de diferentes superficies y mantuvo su efecto durante al menos 30 días después de aplicarlo.

El resultado es prometedor, pero requiere una precisión importante: el 3 de agosto se anunció una patente, no el lanzamiento de un limpiador con marca, precio e instrucciones para el público. La tecnología figura en el catálogo de oferta tecnológica del CSIC y busca empresas interesadas en licenciarla. A fecha de publicación, el organismo no identifica ningún producto comercial basado en la patente ni facilita una fórmula para prepararla en casa.

La investigación reúne a personal del Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas, el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos y el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja. Esa combinación permitió estudiar tanto los hongos aislados tras la dana como su comportamiento sobre materiales habituales en edificios.

Qué contiene y cómo se probó

El CSIC describe la composición mediante tres familias de ingredientes: dos alcoholes y una sal de amonio cuaternario. No publica en su nota las sustancias concretas, sus proporciones ni todas las condiciones de uso. Esa descripción permite entender el principio general, pero no reproducir de manera segura un preparado patentado.

En los ensayos se pulverizaron entre 10 y 50 mililitros por metro cuadrado, según el grado de contaminación, y después se retiró con un paño el material desprendido. El tratamiento se utilizó sobre yeso, cemento, placas de yeso laminado y otros soportes presentes en viviendas y garajes que habían quedado inundados.

El equipo del IATA aisló 15 especies de hongos filamentosos de los espacios afectados. Entre los géneros identificados se encontraban *Aspergillus*, *Penicillium*, *Fusarium*, *Alternaria*, *Cladosporium* y *Mucor*. La formulación sin diluir inhibió por completo la formación de esporas y redujo en más de un 80 % el crecimiento del micelio en 14 de las 15 especies. Incluso a concentraciones bajas produjo una reducción significativa, según el resumen difundido por el CSIC.

Estos porcentajes describen resultados microbiológicos, no una disminución demostrada del 80 % en problemas respiratorios ni una garantía de que todas las paredes queden descontaminadas. La nota no aporta el conjunto completo de datos, el número de inmuebles, la variación entre materiales ni un ensayo clínico sobre salud. Tampoco afirma que el efecto continúe indefinidamente después de los 30 días observados.

La comparación con dos productos comerciales

Los investigadores compararon el preparado con dos tratamientos disponibles en el mercado. Uno, basado en alcohol isopropílico, apenas retiró el moho en las pruebas. El otro consiguió una eficacia parecida, pero resultó considerablemente más caro. El CSIC sostiene que su propuesta usa pocos ingredientes, evita nanopartículas metálicas y puede fabricarse de una manera sencilla y económica.

No se han publicado en el anuncio las marcas, los precios unitarios ni un coste por metro cuadrado. Por tanto, «más barato» es una conclusión de la comparación experimental, no un precio de venta que una familia pueda presupuestar ya. La empresa que obtenga una licencia tendrá que fabricar, envasar, etiquetar y poner en el mercado el producto conforme a la normativa aplicable.

La patente protege la invención y facilita esa transferencia. No certifica por sí sola que el producto tenga autorización comercial, que resulte adecuado para cualquier material o que pueda aplicarse sin medidas de protección. El contacto facilitado por el CSIC está dirigido a empresas interesadas en la explotación tecnológica, no a pedidos domésticos.

Lo que el tratamiento no resuelve

Un antifúngico puede actuar sobre los microorganismos presentes, pero no elimina la causa de la humedad. Si persiste una fuga, una filtración, una cámara sin secar o una condensación intensa, el moho puede reaparecer. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos y la Agencia de Protección Ambiental coinciden en que la primera medida es corregir la entrada de agua y secar el espacio lo antes posible.

También hay materiales porosos que no siempre pueden recuperarse. Placas de yeso, aislamientos, moquetas o mobiliario que han permanecido empapados —sobre todo si el agua estaba contaminada— pueden necesitar retirada. Limpiar solo la cara visible de una pared no permite saber si quedan colonias dentro de un trasdosado o detrás de un revestimiento.

Matar el hongo tampoco basta: los restos y las esporas inactivas todavía pueden provocar reacciones en personas sensibles. La limpieza debe retirar el material contaminado y evitar que se disperse por otras habitaciones. El tratamiento del CSIC puede convertirse en una herramienta para esa fase, pero no sustituye la inspección del edificio ni la reparación de daños constructivos.

Cómo limpiar con seguridad mientras no exista el producto

La patente no modifica las recomendaciones vigentes para una vivienda con moho. Antes de intervenir conviene valorar la extensión, el origen del agua y la situación de quienes habitan el inmueble. Las personas con asma, alergias, enfermedad pulmonar, inmunodepresión o especial sensibilidad no deberían exponerse a una limpieza intensa sin asesoramiento profesional.

  • Ventilar el espacio cuando pueda hacerse sin llevar contaminantes a zonas limpias.
  • Utilizar protección respiratoria adecuada —como una mascarilla N95 o FFP2 bien ajustada—, guantes y gafas cerradas.
  • No mezclar lejía, amoniaco ni otros limpiadores: una combinación puede liberar gases peligrosos.
  • Separar o desechar los materiales que no puedan secarse y limpiarse por completo.
  • Mantener a menores, personas vulnerables y animales fuera de la zona durante los trabajos.
  • Recurrir a una empresa especializada cuando la superficie sea extensa, haya aguas residuales, el moho esté dentro de paredes o el sistema de climatización pueda haberse contaminado.

Estas pautas son generales. La dosis de 10 a 50 mililitros por metro cuadrado pertenece al ensayo patentado y no debe trasladarse a otro limpiador: cada producto comercial tiene una concentración y una etiqueta diferentes. Tampoco sería seguro intentar deducir las cantidades de los tres componentes descritos por el CSIC.

Qué falta para que llegue a las viviendas

El siguiente paso es que una empresa licencie la tecnología, complete el desarrollo industrial y comunique las condiciones reales de comercialización. Para valorar el producto final habrá que conocer al menos su composición autorizada, superficies compatibles, tiempo de contacto, equipos de protección, ventilación necesaria, rendimiento por envase, precio y gestión de residuos.

También sería útil disponer de la documentación experimental completa: cuántas viviendas y garajes participaron, qué sucedió después del día 30, qué especie resistió más, cómo cambió la eficacia según el soporte y cómo se midió la recolonización. Publicar esos datos permitiría separar mejor el rendimiento del compuesto en laboratorio de su utilidad sostenida en edificios húmedos.

La novedad aporta una respuesta surgida directamente de la emergencia valenciana: hongos recogidos en inmuebles afectados, tres centros públicos de investigación y pruebas sobre materiales reales. Su alcance actual, sin embargo, es el de una tecnología patentada en transferencia. Hasta que exista un producto autorizado con etiqueta propia, la noticia no ofrece una receta ni una compra inmediata; ofrece una vía prometedora que aún debe recorrer el tramo entre la investigación y el uso doméstico.