
Dos investigadores vinculados a universidades públicas de València figuran entre las personas galardonadas en los Premios Nacionales de Investigación de 2026. José Miguel Adam, catedrático de la Universitat Politècnica de València, ha recibido el premio Leonardo Torres Quevedo en el área de ingenierías y arquitectura. José Antonio Sobrino, catedrático de Física de la Tierra de la Universitat de València, ha obtenido el premio Alejandro Malaspina en ciencias y tecnologías de los recursos naturales.
Los reconocimientos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades distinguen trayectorias con impacto científico, social y económico. La convocatoria de 2026 reúne diez Premios Nacionales de Investigación y diez Premios Nacionales de Investigación para Jóvenes, con una dotación de 30.000 euros por modalidad. En conjunto, las veinte distinciones suman 600.000 euros.
Estructuras capaces de resistir daños extremos
El trabajo de José Miguel Adam se centra en la seguridad y la resiliencia de las estructuras. Su investigación estudia cómo evitar el colapso progresivo de edificios e infraestructuras cuando falla de manera inesperada uno de sus elementos, ya sea por un accidente, una explosión, un impacto o un desastre natural.
La aportación no consiste solo en comprender cómo se propaga un fallo. También busca métodos de diseño, evaluación y refuerzo que permitan a una estructura redistribuir cargas y conservar estabilidad durante una situación extrema. Ese conocimiento puede trasladarse a normas técnicas y a decisiones de ingeniería sobre edificios nuevos o existentes.
La UPV ha destacado la proyección internacional del investigador y su contribución a una construcción más segura. Adam dirige equipos que combinan ensayos a gran escala, modelización y colaboración con instituciones y empresas para acercar los resultados al diseño real.
Teledetección para medir la temperatura del planeta
José Antonio Sobrino ha desarrollado su carrera en la observación de la Tierra mediante satélites. Sus trabajos permiten estimar con mayor precisión la temperatura de la superficie terrestre y del mar a partir de datos de teledetección, una información esencial para estudiar el cambio climático, la disponibilidad de agua, los incendios, la agricultura y la evolución de los ecosistemas.
La temperatura obtenida desde el espacio no es una simple lectura directa. Requiere corregir el efecto de la atmósfera, conocer las propiedades de las superficies y validar los algoritmos con mediciones sobre el terreno. La trayectoria reconocida por el premio incluye el desarrollo de métodos y campañas internacionales que han mejorado esas estimaciones.
Sobrino ha subrayado además la necesidad de mantener series de observación largas y comparables. En investigación climática, la continuidad de los satélites, los equipos y la financiación es determinante: una interrupción puede dificultar la lectura de tendencias que solo se vuelven visibles al cabo de años.
Reconocimiento y estabilidad científica
Los dos galardonados sitúan a la UPV y la UV en una convocatoria que también reconoce al investigador Jorge Calvo, de la Universidad de Alicante, en el ámbito de las ciencias de la salud. Sus testimonios coinciden en una idea: los premios hacen visible el trabajo acumulado por equipos completos, pero el sistema necesita financiación estable y oportunidades para consolidar a quienes empiezan su carrera.
La dotación económica es individual, mientras que el impacto de las líneas premiadas depende de laboratorios, personal técnico, doctorandos y redes de colaboración. En ambos casos, la investigación reconocida conecta conocimiento fundamental con problemas concretos: edificios que deben seguir en pie ante daños imprevistos y datos fiables para entender un planeta que cambia.





