Cruz Roja ha reforzado en la provincia de Valencia el seguimiento y la información dirigida a personas mayores durante los episodios de calor. La organización programa llamadas, ofrece formación y recuerda a familias y cuidadores que la prevención no consiste solo en recomendar beber agua: también hay que comprobar la vivienda, la medicación, la alimentación y la red de contacto.

Las personas de edad avanzada pueden notar menos la sed, vivir con enfermedades crónicas o permanecer muchas horas solas en domicilios sin climatización suficiente. Esa combinación hace que un día de temperaturas extremas tenga efectos distintos para cada hogar. Una llamada planificada permite detectar cambios y activar ayuda antes de que aparezca una urgencia.

Beber sin esperar a tener sed

La recomendación es ofrecer agua con regularidad, salvo que exista una limitación médica. Conviene distribuir la ingesta durante el día y acompañarla de comidas ligeras, frutas y verduras. El alcohol y las bebidas muy azucaradas no sustituyen la hidratación. Si una persona tiene restricciones de líquidos, debe seguir la indicación de su equipo sanitario.

También hay que revisar cómo se conserva la medicación. Algunos fármacos necesitan mantenerse por debajo de una temperatura determinada y otros pueden influir en la respuesta del organismo al calor. No deben suspenderse ni modificarse por iniciativa propia. El farmacéutico o el médico puede aclarar las condiciones de conservación.

La vivienda debe ventilarse a primera hora o durante la noche y mantenerse protegida del Sol en las horas centrales. Bajar persianas, cerrar ventanas cuando el aire exterior sea más caliente y utilizar un ventilador puede ayudar. Si la casa no consigue enfriarse, es útil pasar parte del día en un espacio climatizado cercano.

El valor de una llamada programada

Cruz Roja destaca el contacto periódico con quienes viven solos. La llamada no debe limitarse a preguntar si todo va bien. Resulta más útil comprobar si la persona ha bebido, comido, tomado la medicación, descansado y podido mantener una habitación fresca. También conviene confirmar que dispone de un teléfono cargado y sabe a quién avisar.

Familiares y vecinos pueden acordar un pequeño turno de seguimiento. Ese reparto evita que toda la responsabilidad recaiga en una sola persona y reduce el riesgo de que nadie compruebe la situación. Si alguien no responde en el horario acordado y existe un motivo de preocupación, la red debe saber qué contacto activar.

Las salidas se aconsejan a primera hora o al final de la tarde. Ropa ligera, sombrero, sombra y una botella de agua ayudan, pero no eliminan el riesgo si la temperatura es extrema. Los recados pueden aplazarse o encargarse a otra persona. El ejercicio intenso y las esperas prolongadas al Sol deben evitarse.

Señales que exigen actuar

Cansancio inusual, mareo, dolor de cabeza, náuseas, calambres, piel muy caliente o cambios de conducta pueden indicar que el calor está afectando a la persona. Hay que llevarla a un lugar fresco, aflojar la ropa, ofrecer agua en pequeños sorbos si está consciente y refrescarla con paños húmedos.

La confusión, la pérdida de conciencia, las convulsiones o una temperatura corporal muy elevada requieren llamar al 112. No debe darse bebida a una persona inconsciente ni intentar bajar la temperatura con alcohol o agua extremadamente fría. Mientras llega la ayuda, debe permanecer acompañada.

Prepararse antes de la alerta

La campaña «Caliente, caliente» de Cruz Roja propone anticiparse. Tener identificada la habitación más fresca, revisar ventiladores, anotar teléfonos, comprobar la medicación y acordar llamadas son medidas que pueden organizarse antes de que Aemet active un aviso.

El seguimiento funciona mejor cuando respeta la autonomía de la persona mayor. No se trata de imponer una vigilancia constante, sino de ofrecer información comprensible y apoyo práctico. Una red sencilla —familia, vecinos, servicios sociales, teleasistencia y atención sanitaria— puede convertir una recomendación general en una protección real.