La Generalitat ha puesto en marcha un proyecto piloto que combina drones, cámaras hiperespectrales, inteligencia artificial y análisis de agua para mejorar la vigilancia de las zonas de baño de la Comunitat Valenciana. La iniciativa, denominada Ocean Watcher, se presentó en la Gola de Pujol de l’Albufera y busca detectar antes posibles episodios de contaminación o vertidos.

El sistema no sustituye los análisis sanitarios ni emite por sí solo una valoración sobre si una playa es apta para el baño. Su función es añadir una capa de observación rápida y extensa sobre el agua. Las imágenes obtenidas desde el aire se compararán con muestras recogidas sobre el terreno para calibrar los modelos y comprobar qué señales espectrales se corresponden con cambios reales.

El piloto trabaja en seis puntos costeros. La administración los ha seleccionado por su exposición potencial a contaminación de origen urbano. En cada emplazamiento se realizan vuelos con drones equipados con cámaras capaces de registrar información que no se limita al color visible. Al mismo tiempo, los equipos toman muestras de agua. La vigilancia registra cuatro tipos de información básica: temperatura, turbidez, posición GPS y condiciones ambientales.

Cómo funciona la vigilancia

Las cámaras hiperespectrales separan la luz reflejada por el agua en numerosas bandas. Ese detalle permite buscar patrones asociados a materiales en suspensión, variaciones de turbidez u otros cambios que merezcan una comprobación. Los modelos informáticos procesan después esa información y la relacionan con los resultados de las muestras.

La utilidad esperada está en acortar el tiempo entre la aparición de una anomalía y su detección. Un dron puede recorrer una superficie mayor que un equipo situado en un único punto y señalar zonas que convenga revisar con métodos de laboratorio. Sin embargo, el proyecto se encuentra en fase piloto y sus resultados deberán validarse antes de convertirlos en decisiones operativas.

Ocean Watcher complementa la red de vigilancia de aguas de baño que ya mantiene la Generalitat. Esa red realiza cerca de 5.000 análisis durante cada temporada y no se limita a las playas: también controla efluentes que pueden afectar al litoral, como golas, acequias, aliviaderos y colectores de aguas pluviales.

Un proyecto ligado a l’Albufera

La presentación en la Gola de Pujol vincula el proyecto con la estrategia de innovación ambiental impulsada por el 40 aniversario del Parque Natural de l’Albufera. La Generalitat ya ha instalado sensores para digitalizar el seguimiento de la calidad del agua del lago, y la teledetección aérea amplía ese enfoque a otros puntos costeros.

El ámbito concreto de los seis emplazamientos no se ha detallado públicamente en la información disponible. Por ese motivo, no puede interpretarse que todas las playas valencianas vayan a estar vigiladas de manera continua ni que cada vuelo cubra toda la costa. La fase actual debe servir para comprobar en qué condiciones la tecnología aporta datos fiables y cómo se integra con los procedimientos existentes.

La principal diferencia frente a una inspección convencional es la combinación de tres fuentes de información: la imagen aérea, la medición directa y el análisis posterior. Si los modelos logran identificar patrones consistentes, los responsables ambientales podrán dirigir con mayor rapidez los muestreos y las inspecciones hacia las zonas con señales anómalas.

La puesta en marcha de Ocean Watcher abre así una vía para reforzar la prevención, pero no modifica las reglas de información al público. Los avisos sobre calidad del agua y aptitud para el baño seguirán dependiendo de los controles oficiales y de las comunicaciones de las autoridades competentes.