Ròtova ha vuelto a encender la caldera de la escaldà para recordar una actividad que marcó la economía y la vida cotidiana del municipio. La sexta Festa de l’Escaldà se celebró el 23 de agosto de 2026 en el riurau de la Rogeta, sede del Centre d’Interpretació de la Cultura de la Pansa, con una recreación pública del proceso tradicional que transforma la uva moscatel en pasa.

La jornada central comenzó con una salida desde la Plaça Major y continuó en el riurau. Allí, el fuego, el agua y el racimo volvieron a reunirse alrededor de una práctica agrícola reconocida como bien de interés cultural inmaterial. La celebración incorporó indumentaria tradicional, el traslado de la uva y un almuerzo popular, dentro de un programa preparado para acercar este patrimonio a públicos de distintas edades.

Cómo se hacía la escaldà

La escaldà era el primer paso para acelerar el secado de la uva moscatel. Los racimos se sumergían brevemente en una caldera y después se extendían sobre cañizos al sol. Los riuraus, construcciones abiertas mediante arcos, permitían proteger con rapidez la producción cuando amenazaba la lluvia.

El resultado no dependía únicamente de la técnica. La campaña movilizaba a familias enteras y se apoyaba en formas de ayuda mutua entre vecinos. À Punt recoge el concepto valenciano de tornallom: una casa colaboraba en la viña de otra y recibía la misma ayuda al continuar la cosecha. Esa organización convertía la pasa en una tarea compartida y en una parte central del calendario local.

Las pasas de mejor calidad se preparaban para su transporte y llegaban al puerto de Dénia, punto de salida hacia mercados exteriores. Esa relación comercial explica por qué el paisaje de viñas, cañizos y riuraus no es solo una imagen costumbrista. Durante generaciones constituyó una infraestructura productiva que dio trabajo y conectó las comarcas centrales valencianas con otros países.

Una fiesta para transmitir conocimientos

La actividad comercial desapareció en Ròtova hace más de seis décadas, pero el municipio ha recuperado la práctica con una finalidad cultural y educativa. La fiesta permite ver los utensilios, comprender la función de cada espacio y escuchar a quienes conservan la memoria familiar de la campaña de la pasa.

El programa de 2026 no se limitó a la demostración del 23 de agosto. Incluyó talleres de indumentaria y de antiguas cajas de venta, una observación astronómica desde el riurau, una actividad intergeneracional y una sesión de cuentos para familias. La sucesión de propuestas convierte la celebración en un recorrido por el trabajo, la vida doméstica y la sociabilidad que acompañaban a la escaldà.

Esa dimensión divulgativa evita presentar la tradición como un gesto aislado. La caldera tiene sentido junto a la viña, el riurau, los cañizos, el transporte y la cooperación vecinal. Al reunir estos elementos, Ròtova no reproduce una escena decorativa, sino que explica cómo funcionaba una economía rural completa.

El riurau de la Rogeta como lugar de memoria

El Centre d’Interpretació de la Cultura de la Pansa ofrece un emplazamiento coherente para la fiesta. El edificio ayuda a situar cada objeto en su contexto y facilita que las personas que no conocieron la actividad puedan seguir el proceso de principio a fin.

La sexta edición confirma que la recuperación del patrimonio puede mantenerse viva cuando se asocia a una experiencia comprensible. Quien acudió el 23 de agosto de 2026 no solo vio uva convertida en pasa: pudo reconocer la relación entre el paisaje agrícola, la arquitectura local y las redes de ayuda que sostuvieron a Ròtova durante buena parte de su historia.