La Universitat de València afronta la fase final de una misión espacial que comenzó a tomar forma hace más de dos décadas en sus laboratorios. El satélite europeo FLEX, concebido para observar desde el espacio la actividad fotosintética de la vegetación, tiene previsto despegar en la madrugada del 15 de septiembre a bordo de un cohete Vega-C. Detrás del planteamiento científico hay una participación valenciana sostenida, encabezada por el catedrático José Moreno y el Laboratorio de Observación de la Tierra de la UV.

La misión no se limitará a fotografiar el color o la extensión de los bosques y los cultivos. Su instrumento está diseñado para medir la fluorescencia inducida por la luz solar, una señal extremadamente débil que emite la clorofila cuando las plantas realizan la fotosíntesis. Ese dato permitirá estudiar su funcionamiento interno y detectar alteraciones asociadas a sequías, olas de calor u otras situaciones de estrés antes de que algunos efectos sean visibles en una imagen convencional.

Una mirada distinta sobre la vegetación

Los satélites de observación terrestre llevan décadas ofreciendo información sobre la superficie del planeta. Las imágenes permiten seguir cambios de uso del suelo, pérdida de masa vegetal o evolución de cultivos, pero buena parte de esas lecturas se apoya en rasgos externos. FLEX pretende añadir una capa fisiológica: observar la energía que las plantas procesan y relacionarla con su capacidad de captar carbono y de responder a cambios ambientales.

La Agencia Espacial Europea resume el objetivo como una mejora del conocimiento sobre el intercambio de carbono entre la vegetación y la atmósfera, además de la relación de la fotosíntesis con los ciclos del carbono y del agua. La misión está proyectada para trabajar durante tres años y medio, a unos 814 kilómetros de altitud, con un ciclo de repetición de 27 días. La UV añade que la resolución espacial prevista ronda los 300 por 300 metros, una escala pensada para obtener mapas globales y comparar grandes superficies, no para diagnosticar una parcela individual.

FLEX operará coordinado con Sentinel-3C. El nuevo satélite aportará la medición detallada de la fluorescencia, mientras Sentinel-3 ofrecerá información complementaria sobre la atmósfera y la superficie. La combinación permitirá interpretar la señal en su contexto, algo necesario porque la luz que llega al sensor ha atravesado la atmósfera y depende también de las condiciones de observación.

Dos décadas de ciencia desde València

El vínculo valenciano no consiste únicamente en participar en la etapa final. Según la Universitat de València, José Moreno ha sido una de las figuras que impulsaron la concepción científica de FLEX y preside el comité científico internacional de la misión. El grupo de Observación de la Tierra del Laboratorio de Procesado de Imágenes ha colaborado con la ESA durante las distintas fases de desarrollo.

Entre sus aportaciones figura FLEX-E, un simulador científico coordinado por el investigador Antonio Ruiz-Verdú. Esta herramienta ha servido para evaluar decisiones técnicas y algoritmos destinados a transformar las observaciones del satélite en productos útiles sobre fotosíntesis, ciclo del carbono y cambio climático. La preparación incluye además campañas de campo para calibrar y validar las mediciones antes y después del lanzamiento.

El trabajo continúa en varias líneas financiadas por proyectos europeos y nacionales. La UV señala la participación de investigadores como Jochem Verrelst y Shari Van Wittenberghe en el desarrollo de algoritmos e interpretación de datos, además del proyecto SPAFLEX, coordinado por Mª Pilar Cendrero para tareas de validación. La misión espacial, por tanto, no termina con la fabricación del instrumento: necesita comparar lo observado desde órbita con mediciones realizadas sobre el terreno.

Qué puede aportar y qué no

La utilidad potencial abarca la investigación climática, el seguimiento de bosques y el conocimiento de la productividad vegetal. Si la fluorescencia cambia antes de que una planta pierda verdor o muestre daños visibles, los científicos dispondrán de una señal temprana para estudiar cómo responde a un episodio extremo. Esa capacidad puede mejorar los modelos y ayudar a comprender qué zonas absorben más carbono y cuáles reducen su actividad bajo estrés.

No obstante, el lanzamiento no equivale a disponer de resultados definitivos de inmediato. El satélite deberá alcanzar su órbita, superar la puesta en servicio, calibrar el instrumento y validar los primeros productos. Tampoco sustituirá las observaciones de campo ni permitirá por sí solo atribuir una alteración a una causa concreta. Su valor estará en ofrecer una medición global y repetida que pueda combinarse con otros satélites, estaciones terrestres y modelos científicos.

La ESA ha fijado el lanzamiento desde Kourou, en la Guayana Francesa, para las 03:21 de la madrugada del 15 de septiembre, hora peninsular española; en el puerto espacial serán todavía las 22:21 del día anterior. El vuelo llevará también a Sentinel-3C. Como ocurre con cualquier operación espacial, la hora sigue sujeta a las decisiones técnicas y meteorológicas de la campaña.

La Fundación ADEIT de la Universitat de València acogerá una velada desde la que miembros de la comunidad científica seguirán la puesta en órbita. La UV prevé enlazar además la retransmisión abierta de la ESA. Será la expresión pública de un trabajo menos visible: años de simulaciones, campañas de calibración, desarrollo de algoritmos y coordinación internacional.

Para València, la noticia relevante no es solo que un cohete despegue a miles de kilómetros. Es que una parte sustancial de la pregunta científica que FLEX intentará responder —cómo conocer desde el espacio el funcionamiento real de las plantas— se ha desarrollado desde la universidad pública valenciana. Si la misión completa con éxito sus etapas, los datos obtenidos durante los próximos años podrán convertir aquella idea en una nueva herramienta para estudiar la vegetación del planeta.